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Espectáculos
Escritores de Chile, Argentina y Marruecos rinden pleitesía al fútbol

17/7/2010 3:51 PM
Zacatecas (México), EFE

Zacatecas (México), 17 jul (EFE).- Los autores Antonio Skármeta (Chile), Fernando Sacheri (Argentina) y Abdelkader Benali, nacido en Marruecos y afincado en Holanda, mostraron hoy, en el Hay Festival de Zacatecas, sus respetos al innegable poder que el fútbol ejerce en sus respectivas sociedades.

Desde la "exagerada" relación de los argentinos con el fútbol de la que habló Sacheri, quien afirmó que en su país es difícil hacer amigos en la escuela sin jugar ningún partido, hasta las ilusiones y expectativas de futuro que, contó Benali, genera el deporte rey en tantos jóvenes africanos que quieren salir de la pobreza.

Sobre ello charlaron en dos actos en esta ciudad del centro de México, que acoge su primera edición del festival cultural: uno, dedicado al fútbol y a la literatura, al que acudieron Skármeta ("El cartero y Pablo Neruda") y Sacheri ("La pregunta de tus ojos"), y otro sobre el poder del fútbol en África, de la mano de Benali ("Boda junto al mar").

Sacheri, autor de la novela que Juan José Campanella adaptó al cine (ganadora de un premio Óscar en 2010), aún se avergüenza al recordar el Mundial que Argentina acogió en 1978, en plena dictadura del general Jorge Rafael Videla.

"Sería bello hablar de la resistencia del pueblo argentino y de la frialdad con la que enfrentó el Mundial, pero no fue así. Recuerdo a mucha gente festejando, dejando a un lado que la Argentina de ese momento era un infierno, de modo bastante ingenuo y patético", explicó.

El partido mundialista que Argentina jugó contra Inglaterra en 1986, ya en democracia y cuatro años después de la guerra de las Malvinas, también fue decisivo, indicó.

"Ganarlo no solucionaba nada, pero perderlo habría sido terrible", reconoció. "Los extranjeros no entienden muy bien lo que Argentina siente por Diego Armando Maradona, pero tiene mucho que ver con su papel en ese encuentro", declaró.

Recordó el gol que el actual seleccionador nacional albiceleste definió como "la mano de Dios", el que, a juicio de Sacheri, fue la mejor anotación ilegal de la historia del fútbol.

Y es que, como recordó Benali en referencia a su continente, "cuando el fútbol cumple sus promesas, toda la sociedad siente que gana".

Mientras viajaba por África para grabar un documental sobre la relación de sus gentes con este deporte, el escritor y dramaturgo tomó conciencia de la oportunidad casi desesperada de viajar a Europa, tierra de oportunidades, que un balón supone para tantos jóvenes.

Allí, relató, muchachos que no tienen nada, están dispuestos a atravesar el Sahara a pie y el Estrecho de Gibraltar en patera para intentar que un equipo del viejo continente les contrate, como un chico al que conoció en Mali.

En Ghana se encontró con otro muchacho que se grababa en vídeo día y noche jugando con un balón, para enviar las imágenes a clubes europeos, con la esperanza de que algún día lo fichasen. Ya había sido engañado por un estafador que le pidió 3.000 dólares bajo la promesa de facilitarle el camino a Egipto, uno de los pocos países africanos con una liga profesional de fútbol.

Benali lamentó que las todopoderosas entidades deportivas europeas debiliten a la cantera del fútbol de otros países llevándose a sus mejores futbolistas a kilómetros de su tierra, como hizo el Barcelona con su delantero estrella, el argentino Lionel Messi, cuando apenas era un niño.

Messi, aseguró Skármeta, es el responsable de "uno de los más bellos pactos literarios del fútbol": reproducir, paso por paso, en un partido de la liga española ante el Getafe uno de los goles que Maradona marcó ante Inglaterra en 1986.

El fútbol, insistió, se une con frecuencia a la literatura. Lo hace, en especial, de la mano de los relatos de los locutores. Tanto él como Sacheri coincidieron en que "el fútbol resulta más bello bien narrado".

Ambos aseguraron que sus primeros partidos en un estadio resultaron aburridos sin la oratoria de los comentaristas de por medio.

"Recuerdo el impacto de descubrir el color de la hierba y las camisetas, pero lo peor fue que, después de que el árbitro pitase, todos comenzaron a jugar en silencio. Yo le preguntaba a mi padre: "¿Y el relato?", bromeó Sacheri.

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